La cuestión reside en convertirnos en biólogos y clasificar, en vez de las más exóticas plantas, nuestras queridas estructuras. El punto de vista es precisamente el opuesto al que nos tiene acostumbrados el arte actual del cálculo y comprobación de estructuras: meter los datos en la computadora, clickear el Run Analysis y esperar, como borregos (me autoinmolo yo mismo), a que el bicho vomite los resultados.
Bien, como hemos dicho, ahora es al revés. El objetivo, como veremos, también es distinto. Partimos de una estructura, es decir, que ya tenemos a la criatura y ahora, bata en ristre, le vamos a hacer la revisión: la medimos, la pesamos, le auscultamos el pecho… Le vamos a preguntar qué come, qué bebe, si fuma… Y con todo esto haremos un estadillo y podremos saber si está sana como una manzana o si, por el contrario, hay muchas probabilidades de que su corazón estalle antes de finalizar su vida (útil).
Una chorrada, me dirán ustedes. Lo mismo dicen algunos al salir de la consulta del médico… Pues según, les contestaré yo. Valorar el riesgo de nuestras estructuras ayuda a no confundir audacia con ignorancia y a valorar la economía y sostenibilidad de estas.
En fin, que no les aburro más…
(1) Nota: Tratamos la taxonomía de las estructuras en el Curso D6 de ANÁLISIS DEL RIESGO EN LAS ESTRUCTURAS
